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  Madre Mercedes de Jesús

          El Monasterio

     
 

 
 

Monasterio visto desde la huerta en invierno

   Cuando ingresamos en el Monasterio, encontramos en el recinto claustral el ámbito adecuado para el encuentro con el Dios amado, el cual, con su energía divina, convierte nuestra vida concepcionista en fermento vivificante para los demás.

  Ermitas del Monasterio

 

 

 

          

  

    

         

 

En ellas encontramos la paz y la luz del Espíritu, mediante la Palabra de Dios, que nos ayuda a hacer el cambio de nuestra mente de pecado a la de Dios, pura y santa.

 Iglesia del Monasterio

 

   

   

  En ella resuenan las melodías gregorianas 

que cantamos las Monjas, y la alabanza divina 

que compartimos con los fieles.

 

         Misterio de Navidad en la Iglesia del Monasterio                                                  Jueves Santo en la Iglesia del Monasterio

      

                                                                            El Sagrario y los iconos están hechos por una Monja de Comunidad

 Parte central del Oratorio de la comunidad:

   En el largo tiempo de oración que dedicamos las Monjas ante el Señor Sacramentado, nos hacemos voz de los que no saben orar, amor de los que no saben amar, y ofrecemos al Padre las angustias y dolores, las esperanzas y gozos de los hombres nuestros hermanos, rogando al Padre que el hombre vuelva a encontrarse consigo mismo, con lo que es por divino querer.

 

 

 

En el silencio del alma y vacío de las cosas

es donde hemos de buscar a Dios 

para encontrarnos con él.   

Silencio humilde , adorador, amante, 

atento....silencio que escuche, que capte, que ame, 

que intuya, que adore que

no se canse de contemplar como María.       

 

 

                              

                       Detalles de los Iconos pintados en el oratorio por una Monja de Comunidad

                 

                                         

         

 

Jardines del Monasterio

 

 

"Oh Señor, Dueño nuestro, qué glorioso es tu nombre en

toda, la tierra" (salmo 8,2). Es ungüento derramado en

toda la creación, que las concepcionistas contemplamos

y adoramos

 

Todo en el Monasterio nos ayuda 

a la contemplación del que

nos llamó a "estar con él" a seguirle muy 

 "de cerca" por ello

le decimos que sólo deseamos

 tener sus mismos sentimientos

y obras, los que tuvo durante su vida terrena.   

 

                                                     

Huerta

 

  

Huerta y jardines del Monasterio.

 

"Dios creó al hombre a su imagen y semejanza... y le puso

en el jardín del Edén para que lo cultivase". (Gn. 1, 26: 2, 8). Con

 este espíritu hacemos nuestro trabajo convirtiéndolo en un

canto de alabanza al Creador de todas las maravillas

del Universo. Por mucho que comprometa lo dirigimos

a la contemplación

 

 

Que, como María, ver lo creado sea para nosotras recordar la existencia del Creador y sentir su presencia divina, amorosa, santa, transformante, nueva.

 

¿Qué otra cosa, pues, podrían ser los perfumes de Dios si no es su santidad derramada en María y en toda la creación, su santidad derramada en la redención, su santidad derramada en la resurrección para llevar nuestro ser a la madurez plena y así consumar nuestra creación?

 

 

 

 

Parte de la Biblioteca del Monasterio para la formación de las Monjas

 

 

Sala de Labor, para el trabajo en común de las Monjas

          

 

 

 

Así pues, las monjas se someten a la ley común del trabajo sabiendo que éste entra en la gran liturgia del cosmos y se convierte en oración al Padre por Cristo. Aunque sea intenso y comprometa mucho, ha de ser dirigido hacia la contemplación y en ella encontrar su razón de ser, asociándose así a la obra redentora de Cristo”(Art.177&2 Constituciones)

 

 

 

 

 

                                                                                                                                Refectorio del Monasterio   

Y como las concepcionistas hemos de procurar andar siempre en una vida nueva, la refección también la convertimos en acto de piedad como nos amonesta el Apóstol: “Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”4. Por ello nos esforzamos en mantener el recogimiento y la modestia monástica que nos pide la presencia amorosa de Dios atentas más al gusto de la lectura espiritual que al de los alimentos.



4 1 Corintios 10,31.

 

 

  

                                         

 

La Comunidad trabaja en restauración de imágenes, 

pintura al óleo, iconos, 

esmaltes, 

encuadernación, huerta y arreglo de jardines.

 

 

 

 

Los trabajos quenos confían debemos cumplirlos con amor, porque son la posibilidad que la obediencia pone en nuestras manos para demostrar el que tenemos a Dios.

Invernadero del Monasterio

 

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